El puerto deportivo de Cala d’Or recupera un pasado náutico que arranca desde los albores de los primeros navegantes mediterráneos.

Fenicios, Griegos, Cartagineses y Romanos, que dejaron su testimonio numismático con más de 1.000 monedas recuperadas en los dragados del puerto. Al objeto de proteger el enclave natural, en tiempos de Felipe IV, se construye el fortín de su bocana para defendernos –ironías y suerte del desarrollo histórico- de quienes ahora recibimos con loa brazos abiertos. En la actualidad y con esfuerzo siguiendo su inmemorial tradición náutica se ofrece una dársena protegida naturalmente de todos los vientos y con toda clase de servicios capaces de satisfacer al más exigente de los clientes, y que están a vuestra disposición durante todo el año.